Publicar cuentos: El loco

El sol se esconde trans las nubes, las hojas de los árboles caen muertas en la sequía, el viento furioso golpea puertas y ventanas y un aire frío de otoño rodea las paredes de la mansión del doctor Folie. Ya hace 2 años que no sale de la mansión, solitario y aterrorizado por la idea de que la sociedad lo viese y lo acusara.

El loco, así lo llaman, por su miedo a la gente y el rostro atrofiante, con los ojos siempre abiertos, una sonrisa puntiaguda y siempre vestido con un camisón apretado blanco y zapatos negros de terciopelo. Por las noches el loco camina por los pasillos altos y sombríos, fijándose que todas las habitaciones, puertas y ventanas estén cerradas. El aire helado que tiran las habitaciones corre por sus venas y la oscuridad crece asechando todos los rincones. Súbitamente percibe pasos agigantados que se acercan a él.

Los nervios sucumba todo su cuerpo, voltea de izquierda a derecha y siente que alguien lo observa, pero no hay nadie. A oscuras baja por la escalera de caracol y los pasos se hacen cada vez más fuertes, la oscuridad lo deslumbra y desciende cada vez más rápido hasta que cae al suelo. Inconsciente el loco frota su mano sobre su frente y siente el hedor a sangre.

– ¡DÉJAME EN PAZ! – grita asustado. Se encoge de hombros tirado en el suelo, acurrucado con los brazos y piernas pegados al cuerpo. Siente como la soledad lo cobija, lo enloquece. Las paredes se hacen cada vez más pequeñas, la penumbra lo manipula y lo encierra en un callejón sin salida. Repentinamente el destello de un picaporte le aclara la visión.

Temblando, se arrastra hacia él con lentitud, toma el picaporte y puede ver cómo este se encuentra cubierto de sangre, pero no obstante los pasos se hacen cada vez más fuertes y sin remedio decide entrar. Era una habitación de huéspedes no muy grande, grisácea y hecha de cemento que se usaba para guardar cosas antiguas.

El loco ve una silla en un rincón, se sienta y con un balanceo pasivo de atrás hacia adelante escucha cómo la puerta es golpeada con fuerza. Desesperado busca algo que lo ampare pero no encuentra nada, tan solo una soga. Se sujeta la cabeza con las manos, pide auxilio pero nadie lo escucha: la soledad se había apoderado de él por completo.

La penumbra domina sus sentidos, los golpes lo enloquecen cada vez más y sin salida Folie decide acabar con todo: se sube a la silla, amarra la soga al techo y sin más que perder se la ata al cuello y patea la silla. Luego la puerta se abre y no hay nadie, la habitación queda a oscuras y el aire frío deja de correr… la soledad lo había matado.

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