publica tus cuentos: Sobre Brujas y otras Historias Espeluznantes

FRAGMENTO
… Mi madre y su hermana, mi tía Alicia, fueron a visitar a una señora un tanto mayor y, entre comentarios diversos, la señora les contó el siguiente relato:
“El camino entre El Carmen y El Olivo –caseríos del distrito de San Juan Bautista de Ica- es muy “pesado”, asustan mucho por ahí. Un joven de El Carmen, había conocido a una chica de El Olivo en una fiesta que se realizó en aquel barrio. Este muchacho iba a visitar a la chica casi a diario y la madre del muchacho se había dado cuenta,


pues por las noches salía religiosamente en busca de la muchacha. La señora se quedaba sola en su casa renegando de su suerte. Un día, la señora ya no soportó quedarse sola por las noches y al ver que la muchacha traía “embobado” a su único hijo, le prohibió salir a visitarla.

Él ya no hacía caso a su madre, tenía la imperiosa necesidad de ver a la chica y no el de quedarse en su casa acompañando a su madre. Fueron varias noches que la señora hizo todo lo posible por impedir que su hijo salga a ver a la muchacha.
― ¡Hijo por favor, no vayas a ver a esa chica! Es una mala mujer que te va a destrozar el corazón –le imploró su madre.
― Ella es buena, mamá. ¡No sé por qué la odias tanto! –exclamó.
― ¿Acaso tú ya no me quieres, hijo? –preguntó la señora.
― ¡Claro que te quiero, mamá; pero el amor que siento por ella es distinto!
― ¡Ella es mala…, te está separando de mí… te está separando de mí! –exclamó entre sollozos, su madre.
― ¡Hasta luego, mamá! ¡más tarde regreso! –se despidió el muchacho sin mirar hacia atrás.
La señora lo tomó por la casaca y él se soltó, salió y cerró la puerta. Caminó entre la oscuridad de la noche por aquel sendero que conducía hacia El Olivo. El viento nocturno mecía las ramas de los árboles que crecían a los lados del arenoso camino y los grillos chirriaban entre los arbustos. Casi a mitad del camino, se remecieron unos árboles y él continuó su camino como si nada. Más adelante vio a una chancha con sus cerditos que salían de las chacras que había a los lados del camino, arrastrando unas cadenas. Intentó evadirlos, pero se le atravesaban en el camino. Cogió un palo y los ahuyentó a puntapiés y palazos. Se quedó sumamente asombrado cuando, ante sus ojos, la chancha se transformó en una gigantesca ave negra que se le vino encima a patadas y fuertes aletazos. Él se defendió a duras penas, tratando de cubrirse con las manos y sin reaccionar aún, ante la sorpresa que le causó aquella visión diabólica y espeluznante.

El muchacho cayó sobre el arenoso suelo ante las arremetidas del enorme animal negro que le desgarraba las ropas con las enormes garras. No pasó mucho tiempo en que el muchacho comenzó a reaccionar y cogiendo una vara que encontró entre el cerco de una de las chacras, se incorporó lentamente, con la vara en la mano, y comenzó a golpear con todas sus fuerzas al enorme animal negro. Tuvo que defender su vida, al ver que la enorme bestia lo golpeaba salvajemente. El animal cedió en el ataque y fue éste el que ahora se revolcaba dando aletazos sobre el arenoso suelo del camino, ante la golpiza que estaba recibiendo. El muchacho ponía todas sus fuerzas en los golpes que asestaba en el enorme animal, hasta oírse el crujir de los huesos que partían ante cada garrotazo. Cuando ya parecía que el animal estaba dando sus estertores, gritó:
― ¡Ya basta…, ya basta! ¡No me mates hijo…, no me mates! –el muchacho se quedó paralizado con el garrote en la mano, sorprendido ante aquella diabólica figura que le hablaba con la voz de su madre.
― ¿Quién eres, bruja maldita…, quién eres? –preguntó atónito.
― ¡Soy tu madre…, no me mates hijo, por favor!
― ¡habla carajo…, di la verdad maldita bruja o te acabo en este mismo instante! –gritó con rabia, el muchacho.
― ¡Es cierto hijo…, soy tu madre!
― ¡Es mentira…, es mentira! –bramó el muchacho, viendo con ojos de incredulidad al diabólico animal negro, que hablaba con la voz de su madre.
― ¡Soy tu madre…, soy tu madre!
― ¡Es mentira, bruja mentirosa…, mi madre no es ninguna maldita bruja repugnante! ¡Mi madre está en mi casa durmiendo en éste momento!
El muchacho asestó un golpe más a aquella figura diabólica, con el garrote que tenía entre sus manos y, dejando tendido al animal, tornó a casa…

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