Publicar obras de teatro: Tú, la soledad y el suicida

TÚ, LA SOLEDAD Y EL SUICIDA
Por Manuel Magnífico

A OSCURAS EN LA COCINA de souffrance. ESTE SE ENCUENTRA parado GOLPEANDO LAS PAREDES.

SOUFFRANCE (MANIÁTICO.): —¡Maldita perra! Por qué te has ido si yo te necesitaba. Me quería suicidar y me engañaste por otro, eres una desgraciada. Eras todo lo que tenía, ahora no tengo nada, ¡NADA!(TOMA UN CUCHILLO Y AMENAZA CON SUICIDARSE.) Esto es por tu culpa María.

(APARECE LA SOLEDAD)

SOLEDAD: —¡DETENTE!

SOUFFRANCE: —¿Quién anda ahi?
SOLEDAD (CONSOLANDO.): —Nada merece esa respuesta. Aún me tienes a mi, tienes que relajarte.

SOUFFRANCE (MIRANDO A TODAS PARTES.): —¿Dónde estás? ¿Eres tú María? Insolente, ¡Muéstrate o me mato!

SOLEDAD: —Discúlpame, pero no puedo darme el lujo de mostrarme. Pero si quieres podemos charlar, yo siempre seré la mano en tu hombro.

SOUFFRANCE: —Deja de jugar conmigo. Sal de la oscuridad y explícate quién eres o ¡te juro que te mato!

SOLEDAD: —Escúchame cariño, no puedo revelarte mi identidad pero sí a quién represento. Yo soy la mano en el hombro ajeno cuando no hay nadie alrededor, escucho los problemas de los demás pero nunca revelo los mios. Soy amable, comprensiva, fuerte y fiel, soy todo lo que tú necesitas, así que no me desprecies si no dejo que me veas.

SOUFFRANCE: —Yo no necesito una sombra que me consuele, tan solo necesito salir de este escenario en el que me han puesto. Tú, repugnante espectro, no vengas a decirme que puedes ayudarme, nadie puede hacerlo, tan solo María es capaz.

SOLEDAD: —Pero ella se ha ido, y por más que lo desees no volvera.

SOUFFRANCE  (MELANCÓLICO):— Nunca podré volver a ver esos ojos azules tan hermosos, ni tampoco el fulgor de su amor. Tú no sabes lo que es amar a alguien y luego ser engañado. Déjame morir, no quiero seguir sufriendo.

SOLEDAD (CON CARÁCTER): —Parecemos títeres de un teatro y María el titiritero que juega con nosotros. Ella ya no existe, tienes que olvidarla, me tienes a mí ahora. María fue cobarde e irrespetuosa al abandonarte cuando más la necesitabas. Relájate yo nunca te dejaré (APOYANDO SU MANO SOBRE LA ESPALDA DE SOUFFRANCE)

SOUFFRANCE: —No hablés así de ella ¡tú eres la cobarde! (SE VOLTEA A LA IZQUIERDA Y SIENTE EL CUERPO DE UNA MUJER) Y la culpable de que me quiera suicidar, sin ti María aún estaría conmigo. No te atreves a mostrarte, y dices que eres fuerte y que la cobarde es ella, ¡ahora verás!

SOLEDAD (ENOJADA): —Si me haces daño ya no tendrás a nadie. Soy romántica y cordial, ella no es nadie comparada conmigo.

EL CUERPO DE LA SOLEDAD EMPIEZA A MANIFESTARSE.

SOUFFRANCE (LLORANDO): —Merezco ser feliz, tú no eres nadie yo sí lo soy. De no haberte conocido, ella jamás me habría dejado, eramos felices y lo arruinaste.

SOLEDAD (ENOJADA): —Deja de actuar insolente, tú sabes que ella no te quería y que nunca significaste nada para ella. Tú lo arruinaste, y por eso te dejo.

SOUFFRANCE EMPIEZA A DESVANECERSE.

SOUFFRANCE:—Eso es mentira, ella me amaba. Tú no existes y no mereces vivir (CON EL CUCHILLO EN LAS MANOS) muérete y déjame solo.

SOLEDAD: —¡ALÉJATE!

LOS BELLOS OJOS AZULES DE LA SOLEDAD Y SU CUERPO ENTERO SE MUESTRAN. SOUFFRANCE LA ASESINA Y ESTE DESAPARECE POR COMPLETO.

(RACONTO)

SOUFFRANCE (SONRIENDO): —Es imposible que alguna vez me pelee contigo María. No puedo imaginarme la vida sin ti.

MARÍA: —Es imposible no pelear cariño.

SOUFFRANCE: —Aunque lo sea, nunca te dejaré de querer. Aún muerto o en otra dimensión tú siempre estarás presente. Te quiero.

(TELÓN.)

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